Ventanas

(français)

« Estas obras se elaboran a partir de la sensación que he experimentado al mirar las ventanas, la luz filtrante, un juego de proporciones, de volúmenes, de colores o lo que sugiere un conjunto « 

Obras sobre papel, las composiciones de Norma oscilan entre abstracción y figuración. Su aspecto acuarelizado y la aparente simplificación de las formas, nos hacen pensar a menudo a las pinturas de Paul Klee. Sin embaro, encuentran su singularidad en la elección de los colores (gris o azul), de las aguadas, las transparencias, y contrastes, como bajo el efecto de la luz a través de las persianas, de rayos amarillos, ocres, anaranjados, rojos, azules, a menudo negros.

Ya sea que miren hacia un lugar cerrado y oscuro, o que se abran a un exterior que imaginamos bañado de sol, que formen un conjunto armonioso sobre una fachada, que sean más o menos reconocibles, las ventanas de Norma están siempre presentes en nuestro espíritu – y más, nos hacen soñar.

Toutes les Nouvelles, Rambouillet, novembre 1988
(regreso)

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Sutil caceria

(français)

Algunos artistas entran en la pintura como cuando se penetra en una plaza fuerte al final de una batalla, cubiertos de sangre y heridas ; otros, no menos eficaces, se introducen aprovechando un pasaje escondido, sin ruido ni furor, como por efracción. Norma es de estos.

Ninguna violencia, ningún choque, ningún montaje expresivo, sólo un pacto secreto con la luz y sus juegos vibratorios dan a su visión su espacio propio – a la frontera de lo concreto y de lo abstracto, de la opacidad y de la transparencia, de lo evidente y lo confuso -, así como su propio tiempo, el de la memoria y el del olvido.

Memoria de nubes, dilución de humos, evanescencia de las luces de la ciudad en las ventanas del tren a la caída de la noche, irisaciones solares, aberturas nítidas o reflejos eléctricos : son otras tantas aventuras luminosas que el pintor al ojo táctil fija en su lenguaje mineral.
Desgarres, deshilachaduras, asperezas de papales de seda, pegamentos y tintas constituyen los materiales con los que se elabora esta entomologia de reflejos

Yves Belaubre

Introducción a la exposición « Ventanas, obra sobre papel », espace Bonvin, maison de l’UNESCO, Paris, 1988

Fragmentos Escogidos

[ français ]

Las composiciones de Norma son otras más de sus variaciones visuales dispuestas en serie y organizadas en torno a un tema, cuya apariencia tenue, casi frágil, pareciera estar a un tris de disolverse y dejar huir la emoción, tentándonos a caer en el error de no ver en ellas el agitar de una obra que tiene la rara virtud de sensibilizar cuanto ofrece a la mirada.

Si es cierto que por lo general la dificultad más frecuente que se le plantea a la pintura es lograr una relación entre lo sensible y lo visible, podemos afirmar que Norma lleva a su más alto grado de fusión ambos elementos de este arte. Sus obras se dirigen certeramente al ojo en tanto que carnal, parte del cuerpo, y no en tanto que instrumento del pensamiento o ruta guiada hacia el espíritu. Ella no se preocupa por producir imágenes pautadas por las reglas de la óptica, sino más bien de crear sensaciones capaces de acariciar la mirada, pero rehusándose a engaños complacientes ; en otras palabras, sin inducirla al registro de las ideas. La diferencia entre lo visible y lo sensible ; la distancia entre lo que depende del ojo y lo que depende de los otros sentidos, lejos de ser entendida como condición insuperable de lo humano, está, pero como en suspenso, entre paréntesis.

Con una gran economía de recursos ; en una manera de hacer que podría calificarse de menor, Norma conduce al ojo hacia posibilidades supraópticas ; a experiencias táctiles y turbadoras ; a fiestas donde la emoción está más cerca de la piel que de toda función cerebral, teórica. Aquí, el ojo ve mucho menos de lo que toca, o, como dice Claudel, « de lo que escucha ». Porque hay, en efecto, algo muy musical en este arte ; algo de efímero e inasequible, como si lo visible y lo sensible cesaran de ser distintos y devinieran, por turno, en anverso y reverso de una misma superficie. Lejos, pues, de abordar lo visible como una de las múltiples potencialidades de lo sensible, ella lo acomete como un todo sensibilizado : lo fabrica como un interior desprovisto de toda exterioridad y manifestación accesoria. Es una obra de « la dancitud »**. Cierto, es difícil hacer danzar al ojo, ese órgano impaciente y dominador que siempre fija, que siempre quiere meter todo en un punto, congelarlo todo. El ojo es rebelde a las aventuras de lo vago, lo incierto, y sin embargo Norma cosigue atraerlo a una suerte de danza incitado por una música que no existe más que para él. Con el don que le permite suavizar y hacer a un tiempo vibrar cálidas coloraciones –que a no dudar le viene de su México interior- engendra una movilidad intensa comparable, según nosotros, a la de los trabajos de San Tomaso que, en cuanto hacía, estaba la luz de Venecia.

La actitud de esta pintura no tiende en nada a lo conciente, lo conceptual ; se orienta toda entera a la orquestación minuciosa de una concordancia de todos los sentidos, confiándola al ojo, sólo a él. La vista – que siempre es mirar de la mirada y se lanza al encuentro de sí misma pero vuelve hacia sí, se remira – es dirigida aquí a una inmediatez movible, fugaz, que contaría el círculo de la reflexión. Norma nos muestra sin subterfugios, sin artificios – después de que lo « amable » ha resistido el frenético hostigamiento de los estereotipos cuya desmesurada nos invade y devasta – lo que lo visible contiene de tan dulce y pura magia. La abstracción de esta obra nos reconcilia con la naturaleza y los caminos de lo sensible. Más allá de los límites del conocimiento y de las intenciones, ella cultiva serena y quedamente las intensidades de lo insondable, la generalmente efímera evidencia de los movimientos de la materia, sistemáticamente desatendida. Norma hace ver todo aquello que nuestra rutina perceptiva retrae de lo visible, lo que se encoge y disimula como su interior más íntimo, más secreto.

Traducción : Pablo y Norma Pedroche

* Introducción al catálogo de su exposición « Fragmentos Escogidos », Centro Cultural, La Verrière, Francia 1992

** Con este neologismo tratamos de definir el inexperimentable enlace de un dentro sin fuera y sus « imaginables » movimientos danzarines

 

 

Para Norma

[ français ]

 Proust escribe en « A la Recherche du Temps Perdu » que el arte es una traducción, y que los bellos libros están escritos en un especie de idioma extranjero.

El arte de Norma parece confirmar la profundidad de la memoria de eso que para nosotros, simples franceses, está en otra parte.

Cómo, para ella, hacerlo de la manera más clara y honesta , sino depurando,simplificando al extremo relaciones de superficies sensibles de colores los más cercanos a los límites lejanos.

Me parece experimentar este problema cuando miro su trabajo. La emoción que siento viene de esa tensión : superficies traductoras de un más allá del océano, todavía por conquistar de una y otra parte.

Pierre Chaplet